

Y así empezó todo...
Finalizada la Primera Gran Guerra, allá por el año 1918 y casi a modo de celebración, se fundaba en la villa asturiana de Salas La Casa del Profesor, un restaurante café de la época, lugar de tertulia y entretenimiento. El establecimiento vivió su época más dorada habiéndolo regentado el singular e irrepetible Falín, antiguo funerario y corresponsal de prensa que en su época de profesor de música armonizó a todo el contorno desde tan ilustre local.
En las tardes de reunión y para los clientes habituales, La Casa del Profesor elaboraba unas pastas de avellana que hacían muy amenos aquellos cafés de invierno. Por aquel entonces, ya habían regresado algunos emigrantes, de los que habían hecho las Américas, que de vuelta a su pueblo natal y convertidos en indianos frecuentaban el local. Sin acertar a poner nombre a tan deliciosas pastas, y haciendo uso de un apelativo sudamericano uno de ellos decía a Falín: "¡Dame un carajo de esos!" y el hombre -y también el nombre- se fueron quedando. Pasaron muchos años antes de poder registrar este tan rico vocablo que en su época fue tachado de inmoral.
La receta intacta
La avellana se escoge una a una, se tritura en mortero de madera y se machaca con mazo de hierro. Aquí no existen los atajos industriales.
Carmen y Teresa, cuarta generación
El sabor de Salas
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